Historias del Laberinto

Los Tapatíos y Otros Desastres Naturales

Agosto 8, 2007 · 12 comentarios

Este artículo fue escrito por Claudia Ruiz Arriola, quien por cierto, fue mi catedrática en la Universidad.  No le pudo haber quedado mejor….

*Entre lo que José Martí llamó los “criollos exóticos” de América Latina,

los tapatíos tenemos un lugar especial. Hechos, según el folclor, a imagen y

semejanza del charro mexicano, somos mundialmente famosos por tradiciones y

mitos que en la Guadalajara de hoy sólo existen en las postales turísticas y

las revistas de los aviones. Para empezar no hay calandrias por doquier, ni

la nuestra es una ciudad amable como reza su lema, ni nos distinguen las

rosas que otrora fueran el emblema de la Perla, ni mucho menos huele a

tierra mojada como pregona la canción. Guadalajara, como cualquier metrópoli

de homo sapiens motorizados, es hostil, tiene más cemento que flores y emana

aromas típicamente urbanos que van desde la torta ahogada hasta los vapores

flatulentos de la Cuenca del Ahogado, involuntario desagüe de la ciudad. *

* *

*Pero si Guadalajara no es como la pintan, los tapatíos son fieles a su

fama. Dice la leyenda que el nombre “tapatío” nos lo dio una popular

monedita de oro que circulaba en la Colonia. Pero ese cuento, como todas las

historias tapatías, hay que tomarla cum grano salis –con un grano de sal, al

estilo de los escépticos romanos-, pues las moneditas de oro a todos

agradan, y el tapatío actual no destaca por su popularidad entre la fauna

azteca. Más bien, dicen las malas lenguas, el mote se lo debemos a la

llegada inoportuna de unos visitantes a la casa donde los miembros de una

familia se deleitaban con exquisitas viandas y vinos generosos. Al ver que

las visitas eran muchas y venían hambreadas, el anfitrión se puso a cubrir

apresuradamente los manjares para evitar compartirlos, al tiempo que

ordenaba a su pariente: “¡Tapa, tío! ¡Tapa, tío!”. *

*El Clásico Tapatío*

*No por mal intencionada la anécdota deja de tener razón. A diferencia del

regio, de quien se dice es alérgico a gastar, al tapatío no es desembolsar

lo que le duele, sino tener que compartirlo. Al clásico tapatío lo distingue

una peculiar forma de convivencia que simultáneamente le exige presumir lo

que no tiene y ocultar lo que es suyo. De hecho, como al protagonista de la

anécdota, al clásico tapatío no le gustan las visitas sorpresa, pues quien

arriba sin anunciarse puede encontrar al anfitrión y su hábitat “al natural”

y eso, en una ciudad que vive por y para las apariencias, es fatal. De ahí

que en los hogares tapatíos las visitas se anuncien con días de

anticipación, permitiendo a los anfitriones montar el escenario, ensayar los

diálogos y esconder las tramoyas de la vida cotidiana. Adicionalmente y de

acuerdo a una regla no escrita del Manual de Carreño local, es de modales

exquisitos llegar como mínimo una hora tarde, permitiendo a los anfitriones

recoger todo lo feo, lo despostillado, lo del uso diario y reponerlo por las

cosas “mejorcitas”: vajilla, adornos, utensilios comprados con el único fin

de deslumbrar. *

*La diversión de un Tapatío sigue la misma lógica teatral. Buena parte del

ingreso de una familia típicamente tapatía se va en cuotas de pertenencia,

un impuesto revolucionario que los pater familias pagan con tal de estar

“in”. En promedio, un tapatío de este sector mantiene dos casas de veraneo

–sierra y playa-, hace aportaciones millonarias a los clubes de golf o

hipismo de abolengo y, frecuenta espectáculos de estratosféricos precios,

aún cuando del repertorio de un tenor internacional el tapatío medio no

reconozca ni disfrute más que “O sole mio” y “Granada”. Pero sin duda el

pasatiempo favorito de los habitantes y las habitantas de Guadalajara es la

heráldica. Descifrar los blasones del árbol genealógico del interlocutor es

el procedimiento estándar –ISO 9000- de la etiqueta tapatía. Además de

permitir identificar a la persona, conocer su pedigrí hasta la generación

del Arca de Noé permite demostrar que uno es más tapatío que él. *

*Si se pudiera resumir la máxima aspiración del tapatío en una palabra,

habría de decir pertenencia. Con tal de ser aceptado, el tapatío es capaz de

todo. Incluso es común entre los tapatíos de clase media dejar de pagar la

colegiatura de los niños, posponer reparaciones caseras urgentes o ahorrarse

al chequeo médico; pero perderse la temporada vacacional o dejar de pagar

las cuotas del club, ¡jamás! Como toda sociedad que vive de la imagen y el

qué dirán, nada resulta más aterrador para un tapatío que perderse un

aquelarre, donde –lo sabe por experiencia propia- el ausente es siempre el

plato fuerte de la conversación . *

*Por eso, cuando entre los tapatíos hay prosperidad, lo “in” es ir a donde

van los demás tapatíos: Whistler, Orlando, San Diego o cualquier destino

donde sea posible encontrar el mayor número de miembros de la patria chica

que den testimonio de lo “padrísimo que estuvo” pues allá se encontraron “a

tooooda la gente conocida”. En este pueblo chico, infierno grande salir del

anonimato –y protegerse las espaldas- exige ir a donde van todos. Por eso,

cuando lo “in” es no gastar mucho, los tapatíos vacacionan en sus casas de

veraneo, situadas en lo que denominan el “triangulo de los jodidos”:

Guadalajara, Chapala y/o Manzanillo. Ahí, como los perros de rancho, se

reúnen con los de siempre, a olfatear y ser olfateados. *

*Empresario rico, empresa pobre*

*Evidentemente el estilo de vida del tapatío clásico sólo es accesible una

elite. Pero no deja de ser cierto que los moradores de Guadalajara nos

sentimos muy o poco tapatíos por referencia a este grupo social que, además

de un estilo de vida, ha dejado su impronta en la forma cómo los habitantes

de la capital jalisciense nos relacionamos con el dinero. *

*Cualquiera que visite la Perla Tapatía en plan de negocios advierte de

inmediato que Guadalajara carece de los grandes emporios comerciales

del D.Fy/o de una industria descollante como la regiomontana. Las

empresas tapatías

suelen ser medianas y familiares, con uno que otro garbanzo de a libra a

punto de ser adquirido por firmas extranjeras o capitalinas. Y no es que

nuestros empresarios carezcan de visión o no sean los suficientemente

laboriosos, como a menudo se les acusa. La razón de la medianía empresarial

tapatía tiene fuentes más profundas, incluso hay quien dice que es producto

de la mítica alma provinciana de Guadalajara, un alma de tímidos horizontes

y vuelos más bien cortos. *

*Una de las grandes virtudes tapatías es que aquí se trabaja para vivir, no

se vive para trabajar. Entre nosotros el trabajo no es tan importante como

entre los workaholicos del Norte o los competitivos chilangos. No,

Guadalajara es una ciudad de comerciantes y los comerciantes de todas las

épocas y latitudes han sido sibaritas, filisteos y bon vivants. En la Perla

Tapatía, ningún empresario que éste en la oficina antes de las 10:00

A.Mpuede jactarse de ser exitoso. El éxito aquí viene definido por el

empleo

del tiempo. Descollar en Guadalajara es acudir al vapor antes que a la

oficina, o dedicar una mañana completa a jugar golf con otros “líderes

empresariales” mientras se culpa al Gobierno y/o a la pereza natural de los

trabajadores de la lenta marcha de la economía. Entre los profesionistas

tapatíos, el éxito se mide con idéntico rasero: la pausa para comer en casa

a mediodía es defendida como uno de los derechos humanos indeclinables y,

ser “alguien” en la empresa se demuestra regresando a trabajar a las 5:00

PM, después de la siesta. *

*Pero esta sanísima filosofía del goce, también es la perdición de la

economía tapatía. La empresa –en especial la familiar, que abunda entre

nosotros- es la caja chica de la familia tapatía. De ahí sale la educación

de los hijos, las casas de veraneo, la mansión familiar, las cuotas del

Club, las cuatrimotos de los hijos, las vacaciones en Whistler, la

camionetota de mamá y el BMW de papá. Obviamente cuando se han pagado las

necesidades y caprichos de todos los miembros de la familia, poco queda para

reinvertir en tecnología de punta y/o la capacitación de los empleados.

Total, una y otra se suplen fácilmente con la astucia del dueño del

changarro. Empresa pobre, empresario rico es la filosofía económica de los

tapatíos. *

*Pero la razón por la que Guadalajara no tiene empresas importantes a nivel

nacional, está en el ADN del empresario tapatío. Los emprendedores tapatíos

tienen una aversión cuasi genética a trabajar en equipo. Todo intento de

crear sinergias productivas es visto a través de la lente del recelo; si

alguien quiere asociarse con un tapatío es para aprovecharse de lo suyo y/o

robarle los secretos de su productividad (¡ja!). La empresa tapatía sigue la

lógica de su creador o heredero: “mejor una empresa chica que pueda

controlar yo solito, a una grande en la que el tronar de mis chicharrones

dependa de un Consejo de Administración”. *

*Comprensiblemente orgulloso de los magros logros conseguidos a pulso, el

tapatío ve con enorme recelo el éxito ajeno. Si hubiera que nombrar el vicio

capital de un tapatío de cualquier estrato social, éste sería la envidia.

Nada bien le va al que triunfa entre nosotros. Fieles seguidores de

Periandro –tirano de la vieja Corinto que aconsejaba mantener la paz de la

polis deshaciéndose de los ciudadanos descollantes- en Tapatilandia se

castiga a quien ose sobresalir de la media. De hecho, es empíricamente

demostrable que la única causa pública que apasiona al tapatío es evitar que

sus coterráneos triunfen. Y si evitar el triunfo ajeno no es siempre

posible, queda el recurso de empañarlo con comentarios oblicuos o

malintencionados sobre el origen de la buena fortuna. Así pues, el destino

trágico del tapatío es que haciéndolo todo para ganarse la admiración de sus

coterráneos, no consigue más que un odio y una envidia proporcionales a su

esfuerzo. *

*Apatíos, mochos y Atlistas*

*Políticamente el tapatío suele ser de derecha, aunque el grueso de la

población de Guadalajara milita en el limbo ideológico. Un buen tapatío es

también “apatío”, es decir apático y desinteresado de cuanto sucede en la

res pública. La máxima intervención cívica de un tapatío es votar para

evitar que la “izquierda rijosa” llegue al poder y le arrebate sus

privilegios de clase. Por lo demás, los tapatíos sólo se manifiestan a

través de elegantes desplegados periodísticos en apoyo del Cardenal Sandoval

para fustigar a los defensores de los Derechos Humanos. Éstos últimos, en el

reducido léxico político de la diestra tapatía, buscan corromper a la buena

sociedad otorgando inmerecidos privilegios legales a los nacos, los gays y

los criminales. *

*Pero lo que en otras latitudes sería un vicio, aquí es virtud cívica. Al

ser apatíos y rajones por naturaleza, los moradores de Guadalajara no somos

presa fácil de vaivenes sociales ni grillas políticas. La marcha, deporte

favorito de las huestes capitalinas, es en estas latitudes un pasatiempo con

muy pocos seguidores. Ni siquiera la única causa colectiva de la región –el

Clásico tapatío del fútbol que enfrenta a los “popis” del Atlas con los

“ñiles” del Guadalajara- es motivo de bronca o pleito. Después de todo,

quizá debamos a la proverbial apatía tapatía, el que la Perla siga siendo

una ciudad pacífica. *

*Cuando un tapatío llega a marchar, no lo hace por ningún caudillo, lo hace

por su fe. Al menos, eso dicen los mochos de la ciudad. Pero si bien es

cierto que la Virgen de Zapopan convoca multitudes, las toneladas de

envolturas de golosinas y latas de refresco que los peregrinos dejan a su

paso hace sospechar que la gula y la verbena son también estímulos

importantes. Y es que por mucha crema que se le quiera poner al taco, el

tapatío no deja de ser mexicano: un ser con más tradiciones que

convicciones, más efervescencias religiosas que hábitos ascéticos. Por eso

la fe de la que tanto se enorgullecen algunos tapatíos no pasa de ser

beatería: de nada sirve rezar avemarías cuando las cuentas del rosario son

la incongruencia, el dogmatismo, la intolerancia y el racismo del que

–querámoslo o no- hacemos gala los habitantes de Guadalajara cuando nos

enfrentamos al otro, al distinto. Pese a todo, el crecimiento de la zona

metropolitana confirma que Guadalajara es una de las ciudades más bellas y

habitables del País. El secreto de quienes aquí vivimos es haber aprendido a

disfrutarla al margen de “los tapatíos”. *

Categorías: De todo un poco

12 respuestas hasta el momento ↓

  • Marlon // Agosto 8, 2007 en 2:54 pm

    Por eso yo 100% calidad si viene de Michoacan!!

    De los ranchos de Tepeque, La Arruana y Apatzingáaaaaaaaaaan.

    Bueno pues nací en Zamora, pero viví en Los Reyes.

  • manijeh // Agosto 8, 2007 en 3:06 pm

    jajajajajaja comparto totalmente la visión de la autora! No pudo definir mejor a los tapatíos, lo juro. Y claro que esto que acabas de postear molestará a más de un tapatío. La verdad no duele pero si que incomoda!

  • angie sandino // Agosto 8, 2007 en 6:00 pm

    no conozco guadalajara :(
    me invitas?

    besos!

  • celiux // Agosto 8, 2007 en 10:02 pm

    jajajajajaja!!!! pues no sè si sea cierto porque nunca he convivido con muchos tapatìos, pero creo que prefiero vivir en regiolandia que en gdl….con todo y el climita que tienen allà es mucho mejor que el de acà…….no sè, pero me da la impresiòn que es una sociedad muy cerrada? es cierto?

  • gaviotah // Agosto 8, 2007 en 10:57 pm

    Marlon, a ver cuando nos traes fresas de Zamora, chance con eso te podríamos perdonar el plantón…

    Manijeh, la verdad está muy apegado a la realidad…

    Angie, no necesitas invitación, eres bienvenida!! (solo avisa para sacar la mejor vajilla jajaja)

    Celiux, algo hay de cierto, yo no me quejo porque me han tratado muy bien pero gente que recientemente llega por acá no tiene la misma suerte. Cuestión de enfoques… besos!

  • maclovia // Agosto 9, 2007 en 9:17 am

    Creo que los Tolucos son iguales, y te acostumbras a vivir con ellos, aunque he conocido ha gente muy linda; lo malo es que Toluca (y que me perdonen los Tolucos), es fea, súper fea. También los Poblanos son así, difíciles, cerrados e intolerantes.
    A todo se acostumbra uno.
    Besos.

  • Day // Agosto 9, 2007 en 10:08 am

    Largo pero hartamente interesante!

  • gaviotah // Agosto 9, 2007 en 11:09 am

    Maclovia, los tolucos no son feos, son HORRIBLES. Comparto completamente contigo tu comentario jejeje.

    Day, bienvenido a mi blog, después paso a visitarte. Saludos

  • Mayo // Agosto 10, 2007 en 12:22 pm

    Excelente rediografía de los tapatíos.
    Gracias, Gaviota, por tan buen reporte tras tramoya. Cada vez que paso por Tapatilandia, agradezco lo directo y sincero que es el modo norteño.. Te mando un abrazote!

  • gaviotah // Agosto 10, 2007 en 1:44 pm

    Mayito, me encantó el artículo de Claudia, porque es muy acertado. Un besito.

  • Victor Cortina // Febrero 4, 2008 en 2:33 pm

    De lo mas intolerable tu comentario. Aqui aplica correctamente el dicho “El burro hablando de orejas”, sobretodo por la intencion desatinada de GENERALIZAR. Por supuesto que en Guadalajara hay problemas que corregir, pero donde no?. Yo tuve la oportunidad de visitar Guadalajara y mire situaciones positivas, que en ningun otro lugar he mirado. Ante todo estoy con Jalisco por que jalisco es Mexico.

  • gaviotah // Febrero 6, 2008 en 12:35 pm

    Víctor, creo que no leíste todo el artículo. Quien vive en Guadalajara, sabe de esto. Yo también estoy con Jalisco y me encanta vivir en tan linda ciudad, que es Guadalajara. La verdad no peca pero incomoda.

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